
Los que nos dedicamos a estas cosas de la comunicación nos enfrentamos continuamente al mismo dilema: ser capaces de mostrar las diferencias entre la información y la comunicación.
No vale con recurrir a argumentos como que la primera forma parte de la segunda, o que una cosa es gestionar tu parte operativa y otra explotar tus posibilidades estratégicas. Tampoco es suficiente con intentar explicar que en comunicación todo cuesta dinero, y que la gratuidad es un concepto vacuo, inexistente a efectos profesionales.
Y tampoco vale decir que la comunicación….es como un toro.
La información tiene que ser gestionada día a día, soportada básicamente con presencia en medios de comunicación masivos, y para ello debemos de ser capaces de producir novedades diarias y asumir que la mayoría de las veces nuestras propuestas no tendrán valor. Si la información es esencial para soportar un entramado industrial, como pasa en el mundo del fútbol, la presencia funcionará mas sobre el rumor y la filtración, incluso sobre la declaración grandilocuente, que sobre otra cosa. En el mundo de la política pasa algo parecido.
Sin embargo las grandes leyendas, las grandes marcas, los grandes equipos, los grandes políticos, no se construyen sobre la presencia diaria de bajo valor añadido.
La comunicación es algo más esencial, mas complejo, que supera a la presencia en los medios, al poder de los medios. Las empresas se diferencian unas de otras por lo qué hacen, por cómo lo hacen, por como mejoran la actividad o la vida de sus clientes y, sobre todo, por cómo lo cuentan. Los equipos deportivos son diferentes cuándo entran en la leyenda, ya sea la local o la global. Los políticos son míticos cuándo trascienden, cuando movilizan, cuando combinan objetividad y emociones.
Y esto no es cuestión de dinero y si de vocación, de visión, de compromiso, de liderazgo. No queremos ser uno más, queremos ser distintos de los de nuestra misma especie. No queremos ser un equipo más, queremos ser el quipo con el que sueñen cientos, miles o millones de personas. No queremos ser dirigentes, queremos ser referentes.
Y nosotros no queremos informar, queremos comunicar.
Si es necesario, recurriremos a Epi y Blas para explicarlo

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